Es hora de dejar de mirar para otro lado, estamos enajenando el patrimonio nacional y el porvenir, aunque suene lejano, va a venir. Cual será nuestro destino si no se comienza a torcer el rumbo hacia la autosustentabilidad; si no se industrializa la producción y simplemente seguimos exportando productos primarios, que no sólo nos dejan a merced de las decisiones extranjeras y sólo favorecen a una pequeña cúpula, si no que también destruyen las tierras que todos suponemos, y así nos lo enseñan en la primaria, inacabables; si no empezamos trazar proyectos que puedan amortiguar la abrumadora crisis energética que se vendrá; si no se regula la extranjerización de tierras; si no se comienza a respetar la multiculturalidad; si no se fomenta la educación; si no se discute el sindicalismo y no se desmantelan las mafias relativas al mismo y a la policía; si no se cambia el marco legal que se instauró durante las décadas de neoliberalismo; si no se investiga la deuda externa; si no se modifica el sistema impositivo para que los que mas tengan paguen más; si no se deja de profundizar el modelo en vez de cambiarlo.

Ensayaremos en este texto una suerte de balance de los gobierno kirchneristas. El discurso oficial, sumado al lumpenaje periodístico de la oposición, puede llegar a orientar la mano votante hacia el Frente para
la Victoria. La Asignación Universal por Hijo,
la Estatización de las AFJP, los avances en la política de derechos humanos, la condena a los genocidas, la renovación de
la Corte Suprema de Justicia,
la Ley del Matrimonio Igualitario, hicieron que un buen grupo de gente se acerque a la política, a la militancia. Esto es un hecho, en su mayor parte, positivo, sobre todo en los jóvenes, ya que la militancia de éstos añade cierto entusiasmo a la desvencijada política actual. Como algunos inconvenientes se podrían citar la formación orientativa que dará la militancia, viendo sólo un sector de lo que realmente sucede. Sin embargo, esto sucede y sucederá siempre. Los organismos “educadores”, formativos, lo hacen desde su punto de vista. Sarmiento, nuestro padre de la educación, intentó durante años convencer a la clase dirigente que una educación bien orientada sobre la población no era perjudicial para el poder, ya que se podía enseñar desde su perspectiva. Igualmente nuestro Prócer sostenía que la educación era conveniente, pero solo hasta la primaria, secundaria y estudios superiores ya no eran tan provechosos. El no logró convencerlos, pero con el tiempo eso se logró. Actualmente, para obtener un panorama general en esta sociedad de los medios de (des)información, como la llama Noam Chomsky, no hay otra opción que tratar de ver los distintos sectores de la realidad que se enfocan (dibujan) desde las distintas corrientes ideológicas y entre todas las piezas tratar de esbozar algo que se aproxime a la misma. A pesar de esto, como ya dijimos, la militancia es algo positivo, siempre y cuando se discuta, se reflexione y se cuestione al partido.
La teoría del “Mal Menor” también suma algunos votos en su favor. Si bien es cierto que la oposición es vergonzosa, y en su gran mayoría, peligrosa, hay que evitar estas afirmaciones Panglossianas que tienden a dejar todo como está.
El terreno de los grises no está muy de moda, por lo cual no hay una actitud reflexiva ante las cosas positivas que hace el gobierno y las cosas negativas, o que no hace. De un lado del bando son todas críticas y del otro todo alabanzas. Anteriormente nombramos algunas de las medidas que, desde nuestra visión, son positivas. Estas medidas, sumadas al crecimiento económico y al superávit fiscal, son los pilares fundamentales de los que fomentan la “profundización del modelo”. ¿Qué modelo hay que profundizar? El Gobierno tiene un respetable discurso oficial, pero ese es el mayor cambio que ha realizado. Otras cosas no han cambiado demasiado. No es lo mismo que el Gobierno de Ménem, como cierta izquierda anacrónica indica. Pero tampoco es un gobierno progresista.
La política de derechos humanos es un avance social importante, aunque no podemos dejar de notar que es un avance con una noción restringida, encuadrada en un hecho histórico particular (1), como lo fue la dictadura. El genocidio cometido fue el más grave de la historia, y probablemente sea difícil superar esa crueldad. Conocer lo sucedido es indispensable para que no vuelva a suceder. Sin embargo, no hay que esperar a que el horror sea tal para abrir los ojos. Actualmente, en este modelo que se debe profundizar, existen grandes problemas en la integridad humana. Los pueblos originarios, todavía, siquiera reciben un mínimo “resarcimiento” por los daños y perjuicios ocasionados por nuestros pasados gobiernos. No existen leyes que contemplen su “posesión no capitalista” de terrenos. Por este motivo, todavía son expulsados por los grandes beneficiarios del sistema que compran las tierras con ellos adentros. Hasta tal punto llega el cinismo, que se han oído rumores de que las tierras con aborígenes, en algunos sitios, son más económicas que las que no los tienen, ya que estas últimas tienen una ventaja, al no tener que lidiar expulsándolos cual si fueran una hierba mala. Ni hablar si esperásemos que se escuchara lo que ellos tienen para enseñar. Esa lateralidad de la historia que poseen podría ser muy beneficiosa si estaríamos abiertos a ella. El surgimiento del capitalismo ha venido de la mano con el apoderamiento del hombre sobre la naturaleza. El hombre deja de formar parte de la tierra y pasa a ser su dueño, y esto está devastando absolutamente todo. Es un sistema insostenible, ideas como la de los aborígenes podrían ser sumamente fructíferas para armar una posible salida que permita una existencia sustentable.
¿Cuál es la posición de nuestro gobierno “progre”? Según cuenta en una recomendable entrevista realizada por Comunicación Ambiental a Darío Aranda, periodista de Página 12 no funcional al gobierno, existe una anécdota en que se le pregunta a la presidenta qué pasaría si encontraran petróleo en un territorio indígena, a lo que responde que en ese caso "tomarían las medidas necesarias para que el traslado sea lo menos traumático posible"(2). Esto deja una clara visión de la perspectiva que tiene el gobierno sobre los derechos humanos. Está bien la memoria sectorizada, los derechos humanos de quienes fueron atrozmente asesinados y desaparecidos en el Holocausto Argentino no intervienen en negociado alguno. Sin embargo, los Pueblos Originarios aún no tienen la suerte de estar muertos, ergo, interfieren en los negociados, ergo, aún no tienen acceso a los DDHH.
Esto sucede en el modelo que pretendemos profundizar.
Según el informe de la UNICEF realizado en 2010, si bien se ha reducido la tasa de mortalidad infantil levemente en los últimos años, mueren 25 bebés por día por causas evitables. “Se debe señalar que el 55% de las 9.026 defunciones neonatales y posneonatales se pueden reducir mediante controles periódicos y tratamiento médico durante el embarazo, parto y primer año de vida”(3). Existe hambre en gran parte de la población, analfabetismo, enfermedades endémicas que podrían evitarse. La pobreza, si bien se ha reducido, aún continúa siendo muy alta. Como dice el sociólogo y politólogo Atilio Borón, todo esto tiene el agravante de que “este gobierno dispuso de una coyuntura económica excepcional, como ningún otro en nuestra historia, lo que torna aún más imperdonable que una parte al menos de esa riqueza no hubiera llegado a satisfacer las demandas populares” (4).
Esto sucede en el modelo que pretendemos profundizar.
En materia económica también habría que señalar algunos aspectos que estén a nuestro alcance, ayudándonos de estudios y opiniones de gente más capacitada en estos temas. Con la resolución 125 se produjo un gran alboroto, y un buen número de progresistas se veían entusiasmados por las restricciones al agro. Sin embargo, la retención de un mínimo de las ganancias de los que más tienen provocó una hecatombe que golpeó duramente al gobierno. Esto deja en claro la dificultad de cualquier gobierno que así lo pretenda, de “quitarles” algo a esos que tanto tienen, que autoproclaman ser quienes construyeron la Patria, y para ser quienes sobresalen, se encuentran trepados en sus inconmensurables ganancias. Si un cambio tan superficial como la 125 originó semejante temblor, ¿qué causaría una verdadera redistribución de las riquezas?
A pesar del paso de los años poco ha cambiado en esta materia. Continuamos siendo, sobre todo, un país agroexportador. Nuestra principal exportación continúan siendo bienes naturales. No estamos tan lejos del granero del mundo tan anhelado por la Sociedad Rural. Tal vez actualmente el taller no esté sólo en Inglaterra, pero si se sabe que a la Argentina poco se ha trasladado. La sojización está provocando un duro golpe en el suelo argentino. Tal vez no tanto en las fértiles llanuras de Buenos Aires, Santa Fe, etc. Pero, ¿qué sucede con suelos como los del norte y el oeste, donde el avance de la soja provoca la tala indiscriminada de árboles en futuros terrenos cultivables y altera gravemente la fauna autóctona? Todo esto para que en dos o tres años, estos suelos no preparados para el cultivo se agoten definitivamente, dejando un desierto tras de sí. ¿Por qué el gobierno no regula legalmente la situación para evitar esta depredación que sólo beneficia (en corto plazo) a unos pocos? Año a año se pronostican aumentos de la superficie cultivada y de las exportaciones. Me pregunto: ¿de dónde salen las nuevas tierras en las que se sembrara nuestro Producto Nacional por excelencia? Sin duda, de terrenos que antes no se cultivaban y ahora sí. Tal vez aquí este el motivo de que el gobierno ignore a los Habitantes Originarios: su posesión no explotadora de los suelos no es fiscalmente rentable para las arcas nacionales. Para evitar esto es lo que argumentábamos anteriormente de aprender de los Pueblos Originarios. Lo que sucede es que, quienes no quieren aprender esto, son las grandes corporaciones, que compran tierras a precios irrisorios, las destruyen aspirándose las abultadas ganancias que producen en este corto tiempo y luego las abandonan. Conviene que estas tierras estén en manos de un cartel económico que deje de lado la moral antes de subirse a la cosechadora de penas futuras. En un reciente viaje que realicé a la Patagonia, un muchacho mapuche, con gran acierto, expresó: “Nosotros cuidamos la tierra porque sabemos que toda la vida vamos a vivir acá, al igual que las generaciones venideras”. El gran terrateniente no es de ningún lugar, es dueño de todos los lugares posibles, por lo tanto no tiene la “necesidad” de cuidar el ambiente. A esto hay que agregar el uso indiscriminado de agroquímicos y transgénicos que se fortaleció debido a presiones de Monsanto y otras empresas del agro, y a la concentración de las tierras cada vez en menos manos.
La minería, en un país que, históricamente, nunca se apoyó en este rubro, paso a ser otro de los comodities fundamentales. Compañías multinacionales, aprovechándose nuevamente de la legislación que rige desde la década del 90, dinamitan montañas dejando tras su paso una abrumadora contaminación, que pagarán con su salud los habitantes de la zona durante años. Los únicos derechos que prevalecen son los derechos del capital. Los derechos de los ciudadanos y el cuidado de la naturaleza están bien siempre y cuando no propongan trabas a la carrera de amontonamiento de fortunas en pocos bolsillos. Tal es así, que por no tocar las ganancias de unos pocos ni siquiera los glaciares se salvaron de la destrucción, cuando fue vetada por “consenso unilateral” la Ley de Glaciares. Por suerte se revirtió un poco esta situación, volviéndose a presentar un proyecto de ley Bonasso-Filmus, el cual dijo Cristina Fernández de Kirchner que no vetaría si se aprobaba. Si es tanto problema resguardar un área tan especial como son las áreas glaciares, ¿cual será la posibilidad de que se cree un marco legal que proteja el medio ambiente y cuyos controles sean realizados seriamente, con castigos fiscales a quienes violen reglas que permitan un desarrollo sustentable?
Esto sucede en el modelo que pretendemos profundizar.
Tampoco podemos dejar de lado la deuda externa. Desde la vuelta a la democracia, se vienen renegociando y pagando los intereses. Nunca se propuso suspender el pago, investigar la deuda, separar la parte legítima de la ilegítima y recién ahí realizar los acuerdos pertinentes. Solo se paga, y eso es un condicionante a la estructura económica nacional, ya que ese dinero podría ser utilizado para paliar las grandes dolencias sociales. En los Presupuestos Nacionales de los últimos años, los montos asignados al pago de vencimientos e intereses de la deuda son ampliamente mayores a los que corresponden, por ejemplo, a Salud, Educación y Cultura o Ciencia y Técnica. Incluso, los valores de estos tres últimos destinos sumados igualan o están levemente por debajo de lo reservado para el pago. ¿Cuáles son las prioridades de este gobierno nacional y popular? Esta es otra de las materias en que la soberanía nacional hace aguas, y seguimos sometidos a los intereses internacionales.
Esto sucede en el modelo que pretendemos profundizar.
Cuando Néstor Kirchner asumió, en lo que el periodismo vulgar y amarillista llamo el “chirolita” de Duhalde, la representación que tenía no era muy significante. Con el tiempo su carisma, sus discursos y algunas medidas tomadas fueron ganando simpatizantes. Ante eso, tuvo dos opciones: pudo haber decidido arriesgarse a tomar una salida colateral, formar un nuevo partido, fomentar la militancia y comenzar a armas las bases; o realizar lo que finalmente acabo por hacer, que fue meterse en el aparato del Partido Justicialista, y de a poco adueñarse de él. La habilidad de Néstor Kirchner le permitió apoderarse de PJ, dejando por el suelo las esperanzas de algunos e instaurando temor a que vuelva a ser más de lo mismo. Actualmente, los pilares más fuertes del kirchnerismo son el PJ y la CGT. La CGT ha sido servicial y sus dirigentes se han beneficiado con las décadas de neoliberalismo, fueron cómplices de la distribución desvergonzadamente desigual de las riquezas que se dio en los últimos años y su organización asemeja más a la de una barra brava que a lo que debería ser un sindicato. Ni hablar de defender a los trabajadores, ya que son ellas mismas quienes los tercerizan y realizan negociados con las patronales. Un hecho para ejemplificar esta situación, sin duda es el asesinato de Mariano Ferreyra por la patota sindical de la Unión Ferroviaria, en octubre del año pasado. Este deplorable hecho no puede ser resarcido, ya que un asesinato es un punto que no tiene vuelta atrás. Si algo se debió haber hecho para al menos intentar dar sentido, con todo el absurdo que esto representa, a esta muerte es instaurar en la sociedad una crítica sobre el papel de los sindicatos, de la policía, los derechos de los trabajadores. Nada de esto se realizó desde el gobierno. Se condenó el hecho, se inició la investigación y se encarceló a algunos dirigentes relacionados, pero la estructura de esta porción del sistema no se ha tocado. Haciendo alusión a la famosa novela de un autor que viene siendo moda en este espacio, los cerdos administran la granja y negocian con sus antiguos amos, la historia se repite.
A pesar de esto, tanto la CGT como el PJ son aliados estratégicos del kirchnerismo, ya que suponen una gran base electoral y son encargados de poblar la calle en las manifestaciones y actos. ¿Cómo es posible que un gobierno que algunos periodistas (que acaban por ser tan funcionales como los de la oposición) llaman progresista no sólo no realice nada al respecto, sino que se apoye en estas organizaciones corléonicas para lograr la gobernación? También cabe preguntarse, esta vez a favor del gobierno, ¿hasta que punto es posible una ruptura con estas estructuras y gobernar sin ellas?
Ya que hablamos de mafias, incluyamos a la policía. ¿No es hora de cambiar las políticas con que se educan a nuestros agentes? ¿Cuál es el papel de la policía? Marx dijo que eran los encargados de proveer una garantía a la burguesía de cuidar sus bienes. Sin duda siguen cumpliendo ese papel. El tema sin duda da para más, y será tratado en otros apartados.
Esto sucede en el modelo que pretendemos profundizar.
Otra cuestión en la que desde el gobierno se hacen olímpicamente los tontos es la crisis energética que se avecina. Aquí hagamos una concesión, esto es una tendencia mundial que se debe, sin duda alguna, al sistema devastador en que nos encontramos. Es más beneficioso para los grandes capitales destruir el territorio teniendo el monopolio de un único recurso que diversificar e invertir en innovación. Sin embargo, en Argentina la situación es de una gravedad más que interesante. Los hidrocarburos argentinos se han entregado a una empresa multinacional que no considera rentable buscar nuevos yacimientos. El modelo actual se basa en un único recurso energético, y esto produce una vulnerabilidad abrumadora. Las búsquedas de soluciones a este tema es un proceso más que complejo, pero podría empezarse por aumentar el presupuesto destinado a la investigación. El país depende en más del 90 % de recursos no renovables, según un informe realizado por la Secretaría de Energía. Esto posee el agravante de contar con amplios recursos renovables que podrían diversificar la producción de energía, como ser, por ejemplo y fundamentalmente, los vientos patagónicos. La carencia de políticas públicas hace que produzcamos 700 veces menos energía eólica que Alemania(5). En términos de superficie, ¿Cuántas Alemanias hacen una Argentina? ¡Ocho! Ya sea tomando la solución neoliberal de incentivar al “mercado” a invertir en centrales eólicas en la Patagonia; o industrializando la fabricación de los insumos necesarios para el armado de los generadores, creando además puestos de trabajo y centros de capacitación para el mismo, para así crear las centrales de industria nacional, es necesario que se comience a tratar el tema. Está bien que se tome una porción del superávit fiscal para colaborar con aquellos que se encuentran más excluidos del sistema social, pero esto es una medida preventiva y coyuntural, lo que se debe ir realizando es la creación de puestos de trabajo y capacitación. Como dice el presidente Mujica: el verdadero capital nacional está en el conocimiento.
Esto sucede en el modelo que pretendemos profundizar.
Enumeraremos, por último y superficialmente para no extender más este texto, algunas de las políticas públicas que deberían llevarse a cabo para que tenga sentido profundizar el modelo. El sistema fiscal es notablemente regresivo: los que menos tienen pagan más, cuanto mayor es la ganancia, menor es el impuesto. Según la nota de Julio Gambina publicada en Le Monde Diplomatique(6), del porcentaje que se recauda de impuestos, es cuatro veces mayor la porción que ingresa por impuestos al consumo (indirectos), que se aplican a toda la población consumidora, que por el impuesto a las fuentes de riqueza (directos), como podría ser el impuesto a las ganancias. Otra cuestión que tiene que ver con esto, en el sentido en que las políticas están dirigidas hacia el sector privado y capitalista y no hacia la población general, es el transporte público. La acción del gobierno en este campo ha sido realizar rutas y caminos, ¿para qué? Para que la transiten vehículos privados. No sería más sustentable invertir en el transporte público; acabar con el desmantelado de ferrocarriles del que es cómplice el gobierno en la medida en que no realiza absolutamente nada para detenerlo; regular el funcionamiento de las Aerolíneas Privadas; realizar planes de reestatización y fortalecer el transporte para toda la población, que además evitaría miles de muertes por accidentes de tránsito, y sería una contribución para la disminución de la contaminación.
Todo esto sucede en el modelo que pretendemos profundizar.
Es hora de dejar de mirar para otro lado, estamos enajenando el patrimonio nacional y el porvenir, aunque suene lejano, va a venir. Cual será nuestro destino si no se comienza a torcer el rumbo hacia la autosustentabilidad; si no se industrializa la producción y simplemente seguimos exportando productos primarios, que no sólo nos dejan a merced de las decisiones extranjeras y sólo favorecen a una pequeña cúpula, si no que también destruyen las tierras que todos suponemos, y así nos lo enseñan en la primaria, inacabables; si no empezamos trazar proyectos que puedan amortiguar la abrumadora crisis energética que se vendrá; si no se regula la extranjerización de tierras; si no se comienza a respetar la multiculturalidad; si no se fomenta la educación; si no se discute el sindicalismo y no se desmantelan las mafias relativas al mismo y a la policía; si no se cambia el marco legal que se instauró durante las décadas de neoliberalismo; si no se investiga la deuda externa; si no se modifica el sistema impositivo para que los que mas tengan paguen más; si no se deja de profundizar el modelo en vez de cambiarlo.
Ante estos hechos, podemos preguntarnos cuáles son las alternativas a este gobierno, si realmente existe alguna alternativa, o si la alternativa es una presión popular para que el gobierno realice lo que tiene que hacer. Sin embargo, esta presión es de una dificultad incalculable, ya que desde los grandes grupos de poder, dueños de los medios de comunicación, se instauran discusiones y críticas al gobierno que lo único que hacen es fortalecerlo, y ante la alternativa que plantea este ya mencionado lumpenaje, incluso es bueno que sea así. ¿Qué podemos esperar de un grupo cuyas críticas al gobierno estén referidas a la vestimenta de la presidenta; la discriminación al extranjero y la instauración de xenofobia en esta tan manipulable y estúpida clase media implantando el vergonzoso e impronunciable lema: “vienen a robarnos el trabajo”; las constantes críticas por la tendencia (desesperantemente indecisa) a realinearse internacionalmente para crear un frente regional y dejar de ser funcionales al imperialismo estadounidense, que se ve plasmada desde la oposición en la realización de circos ante hechos minúsculos, como fue el caso del avión militar estadounidense que traía carga no declarada y que el estado, en el buen ejercicio de sus funciones, confiscó; la constante instauración de la idea del anhelado pasado de prosperidad y justicia que sólo es posible establecer gracias a la ignorancia, haciendo que la gente salga a decir con aires intelectuales: “¡este país fue grande! ¿qué pasó con nuestras riquezas?; el desprestigio al que se somete medidas como la Asignación Universal por Hijos bajo el argumento de que es mantener vagos, cayendo nuevamente en la discriminación? No podemos esperar nada, ni de ellos ni de la clase media funcional que fue adoctrinada por ellos y repite sus versitos con el mismo fervor que nos enseñaron en la escuela primaria a recitar las lecciones.
Por eso, a pesar de todas estas críticas, dentro de las escasísimas opciones que nos ofrece esta limitada democracia para no hacer una regresión más profunda, sigue encontrándose en el abanico de elección el kirchnerismo. ¿Cuál es una posible solución a esta realidad? Se han realizado algunas buenas políticas sociales, aunque generalmente esperando la buena voluntad de los emprendedores privados y no tomando la iniciativa, u otorgándose el protagonismo principal en proyectos que fueron realizados por otras agrupaciones o frentes políticos. La mayor ventaja que, personalmente, encuentro a este gobierno es la ya mencionada tendencia a alinearse en un frente regional. Sin embargo, no se concretan medidas para realizar esto y el gobierno no se decide si apostar al frente regional o seguir coqueteando con las grandes potencias internacionales para realizar acuerdos de inversiones. En caso de decidirse por la primera opción, creo que puede ser una vía que facilite el acceso a un progresivo cambio de sistema. Es hora de empezar romper con la herencia del neoliberalismo y las grandes manchas del pasado y encaminarse hacia nuevos senderos que permitan una inclusión de la sociedad en su conjunto y no sólo de una minúscula parte.
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1. Véase Federico Lorenz, “Los Muertos y los vivos”, Le Monde Diplomatique, ed. Cono Sur, Buenos Aires, octubre 2010.
2. La entrevista puede verse en:
3. Véase Informe Anual 2010 CONICEF:
4. Véase Atilio Borón, “Burgués sí, pero, ¿reformista?”, Página 12, 29-04-2008.
5. Véase Antonio Brailovsky, “Un modelo de extrema vulnerabilidad”, Le Monde Diplomatique, ed. Cono Sur, Buenos Aires, octubre 2010.
6. Véase Julio Gambina, “Entre la coyuntura y la estructura”, Le Monde Diplomatique, ed. Cono Sur, Buenos Aires, diciembre 2010