| Resurgimiento de gorilas luego del bombardeo a Plaza de Mayo y del derrocamiento de Perón. |
La más perfecta denominación que, en mi opinión, haya dado la política argentina. Nada mejor para decir tanto con tan poco. Una palabrita. Sin embargo, apenas alguien es señalado así sabemos de que se trata (podemos llegar a hacer la excepción de cuando el peronismo, espacio del que surge el término, critica a la izquierda). Pero, habitualmente, nos sirve para entender. También se les puede aplicar a muchos peronistas, basta escuchar un rato al Teniente General Duhalde para convencerse. Pero quedémonos con la palabra, Horacio Gonzales define al gorila como aquel que “piensa desde un prejuicio”. Quedémonos con eso. Ya que como vimos antes, no es aplicable de acuerdo a las ideologías (Norte-Américo Ghioldi (1) era un socialista bien, pero bien, gorila por ejemplo).
Pensar desde un prejuicio. Apuesto a que cualquiera que lea esto se le vienen varios ejemplos cotidianos a la cabeza. Los prejuicios pueden ser de distintos tipos: religiosos, étnicos, socio-económicos. Aunque para nuestro personaje, es, esencialmente, una cuestión de clase. Acá el problema es el negro. Los cabecitas negras de Eva Perón, los migrantes internos de la década del 40. Aunque, permítasenos el anacronismo y veamos como el gorilismo precede a la creación del término; los migrantes externos, esos españoles, tanos, rusos, etc. que venían en busca de pan y trabajo también fueron recibidos con el mismo encanto gorila. Eran esos tipos que venían a contaminar a la “raza” argentina. Lo mismo podríamos decir en la actualidad con el odio a bolivianos, peruanos, paraguayos, con quienes el odio del argentino “bien” (se autodenominan así, los argentinos de bien, la gente bien, las familias bien y cuanta combinación se les ocurra con la palabra bien) se ensaña con una crueldad particular. La explotación y el hacinamiento al que son sometidos los recién llegados (desesperados, no olvidemos) es una muestra de ese odio.
Pero lo bueno del odio gorila es que tiene para compartir. Porque la gente del interior (todo tiene interior, si sos de Buenos Aires, el interior son las provincias; si sos provinciano hay también alguien del interior que es menos que uno) también recibe su dosis. El gorila rural, purísima expresión de la especie, siempre tiende una mano al desempleado del campo, permitiéndole trabajar durante las cosechas en condiciones envidiables (para un habitante del infierno del Dante, para cualquier otro es trabajo esclavo).
Lógicamente, el gorila está en contra de todo tipo de Gobierno Populista. Y entienden por populista cualquier política que otorgue a través del Estado alguna especie de asistencia social. El Estado no está para esas cosas. Para ellos, el Estado es, o debería ser, un Gendarme; debe estar listo para castigar a aquellos que osen intentar tomar algo, la más mínima parte de la Propiedad Privada , que como no podía ser de otra manera, la concentran ellos. Son las clases propietarias, por lo tanto manejan los factores de producción, ergo, dan o quitan el trabajo, manejan los precios y los salarios (suponiendo que impere su Estado Gendarme). Y aquí, en Argentina y en buena parte de América Latina, el factor de producción por excelencia es la tierra. Ellos son dueños de la tierra. Y, de yapa, de lo que esté encima. De aquí que ellos son la Patria , porque la Patria es la tierra. Todo les cierra perfectamente, en la tenencia de la tierra encuentran su justificación, la justificación de su dominio. Ellos, así, son el Campo, son la Patria.
Llegamos a una fórmula interesante: La Iglesia , el Campo (con mayúscula) y el Ejército. Dios, Patria y Hogar. Este nefasto slogan, heredado del Franquismo, justifico las atrocidades, conocidas por todos, llevados a cabo por la última dictadura cívico-militar. Pero dentro de las atrocidades está, justamente volver a centrar al agro como industria fundamental del país. Nuevamente privilegiando a la clase propietaria de la tierra en desmedro del resto de la población (que de por sí ya está en desventaja con la clase propietaria). Este modelo económico y social es el que persiste hasta nuestros días, es el que defendió con uñas y dientes en el debate por la famosa resolución 125 en el 2008 la bendita clase media argentina. Ahí se pudo ver bien, sin ningún tipo de antifaz, que piensan de la distribución de la ganancia (sí, de la ganancia, nadie les toco su Sacrosanta propiedad) un sector importante del país. Muchos de ellos se sumaron enfurecidos a los cacerolazos del 2001-2002. Claro, los ahorros. Diez años de Menemismo, de enajenación de los bienes del Estado, empobrecimiento generalizado, corrupción a más no poder, una Corte Suprema adicta, y... nada, ni se mosquearon. 1 a 1 y todos contentos. Pero claro, la plata de ellos sí vale el reclamo, los demás, que se arreglen.
Ellos eran los que festejaron el voto no positivo en el Monumento a los Españoles y en varios lugares más del país. Aquí recordaré, con dolor, que también hubo sectores de la izquierda por esos días apoyando al “Campo”, o sea, a la Sociedad Rural , Confederaciones Rurales Argentina, y más llamativamente, ConiAgro y la Federación Agraria (se ve que Alcorta se quedó mudo). No pensamos que volveríamos a ver ese tipo de juntas, ocurridas por primera vez por las décadas del 40 y del 50 cuando el Partido Comunista y el Partido Socialista marchaban junto a los sectores más recalcitrantes de la sociedad contra el Peronismo. En ese momento fue que el término gorila se le aplicó a gente de “izquierda”.
Para ir concluyendo, retomamos la definición de Horacio Gonzales, “pensar desde un prejuicio”. Esos prejuicios hieren diariamente a nuestra sociedad, la corroen, generan violencia (la que después le achacan a sus odiados negros), impiden cualquier tipo de progreso. Y lo peor, es que es todo por plata. Por tener un poco más (aquí “poco” es inexacto) parecieran ser de otro planeta. No desconocemos lo que ellos piensan de gente que, como nosotros, trata de mostrarles su egoísmo avasallante. Creo que el genial Enrique Santos Discépolo los interpreto de maravillas (aquí nuevamente les pedimos permiso para el anacronismo, todavía no se llamaban gorilas en 1928) en su tango “Que vachaché” (2):
Piantá de aquí, no vuelvas en tu vida.
Ya me tenés bien requeteamurada.
No puedo más pasarla sin comida
ni oírte así decir tanta pavada...
¿No te das cuenta que sos un engrupido?
¿Te crees que al mundo lo vas a arreglar vos?
Si aquí ni Dios rescata lo perdido!
¿Que querés vos? ¡Hacé el favor!...
Lo que hace falta es empacar mucha moneda,
vender el alma, rifar el corazón,
tirar la poca decencia que te queda...
Plata, plata, plata... plata otra vez...
Así es posible que morfés todos los dias,
tengas amigos, casa, nombre... y lo que quieras vos.
El verdadero amor se ahogo en la sopa:
la panza es reina y el dinero Dios.
¿Pero no ves, gilito embanderado,
que la razón la tiene el de más guita,
que la honradez la venden al contado
y a la Moral la dan por moneditas?
¿Qué no hay ninguna verdad que se resista
frente a dos pesos moneda nacional?
Vos resultás, haciendo el Moralista,
un disfrazao... sin carnaval...
¡Tirate al río! ¡No embromes con tu conciencia!
Sos un secante que no hace ni reir...
Dame puchero, guardate la decencia...
¡Plata, plata, plata! ¡Yo quiero vivir!
¿Qué culpa tengo si has piyao la vida en serio?
Pasas de otario, morfas aire y no tenés colchón...
Que vachache? ¡Si hoy ya murió el criterio!
Vale Jesús lo mismo que un ladrón...
1. Américo Ghioldi (1899-1985) fue un dirigente del Partido Socialista. Fue miembro de la Junta Consultiva Nacional durante la Revolución Libertadora en representación de su partido. Luego formó parte de la escisión del Partido Socialista y fue parte del Partido Socialista Democrático. Fue embajador durante el Proceso de Reorganización Nacional.
2. “Que vachaché” interpretada por el gran Carlos Gardel.