Antes que nada debo aclarar una cuestión para que no se malinterprete: este texto va dirigido con exclusivo ensañamiento hacia las clases medias, ya que a diferencia de las clases más humildes, estas tuvieron la oportunidad de despegar intelectualmente, de no quedarse en la mediocridad, pero no lo supieron aprovechar.
La intención con la que comenzamos este espacio fue, como bien ya dijimos, instaurar una discusión sobre temas esenciales. Proponer un espacio de debate, comenzando por nuestra facultad, pero extendible a cualquier otro sitio. Dar una visión de la vida ajena a la mediocridad que nos ofrece día a día el mercado y, de a poco, intentar dar a conocer autores, textos, ideas que tal vez no estaban en las góndolas que tenemos al alcance inmediato. Hay algo en lo que no quedan dudas, en lo que va desde la creación de este espacio, fracasamos totalmente en nuestro objetivo. Quienes se han sumado a las tenues discusiones que hubo ya tenían una posición formada y no se encontraban en la burbuja de la pavada, festejamos este hecho, pero, al menos personalmente, siento cierta frustración por no haber metido cierto ruido en todos aquellos a los que no les interesa para nada ningún tema, a nuestra consideración trascendental.
Es un vacío ante el que nos encontramos en todos los rubros. Por ejemplo, uno intenta hablar de música y dentro de las cartas a escoger sólo hay mediocres, negociadores, mujeres en las que dios se concentró tanto en hacerles un cuerpo fenomenal que se olvido de ponerle cuerdas vocales. Aquí no sería para nada extraño que alguien exprese su trabajada fórmula: “Sobre gustos no hay nada escrito”. Dudo que no haya nada escrito, pero más allá de eso, existen cosas de calidad y cosas malas. Tal vez una forma fácil de darse cuenta de esto es en la trascendencia a través del tiempo. Bethoveen, Mozart, Miles Davis, Coleman Hawkins, John Lennon, Silvio Rodríguez, por nombrar sólo una ínfima parte, o bien nunca estuvieron de moda, o lo estuvieron durante un tiempo, pero siempre persisten, y persistirán. Las canciones ultra de moda, que si no las conoces estas out, que pasan día a día en la radio no creo que persistan por más de 3 meses. El mercado se renueva, la gente debe mantener su neurona concentrada en la nueva canción. Lo mismo sucede si hablas de cine: lo más visto es Avatar, Harry Potter, y miles de porquerías más. Películas taquilleras que cosechan altas sumas, que invierten millones y millones en publicidad y efectos especiales, pero que son una rotunda porquería. La mayoría no tiene la mínima idea de quien es Tarantino, Woody Allen, nadie vio un Cinema Paradiso, Lo que el viento se llevó. Lo mismo vuelve a suceder si hablamos de libros: lo más leído es… ¡Ah! Aquí no hay nada. A lo sumo algún aventurero que se leyó una parte del Señor de los Anillos, pero después llego a la conclusión de que ver la película le iba a ahorrar tiempo.
Pero lo preocupante no es que no conozcan de la existencia de grandes artistas, de grandes libros, de grandes músicos. Todos somos ignorantes en la mayoría de las cosas. Lo preocupante es que no muestren el mínimo interés por absolutamente nada que este fuera de la agenda cultural marcada por la televisión, los programas radio-idiotas.
Probablemente pensamos que iba a ser más fácil hablar sobre ciertas cosas, al menos en nuestro círculo de conocidos, ya que creí que por lo menos por compromiso nos iban a leer. Pero no, no hay caso. Probablemente si realizáramos un blog pseudo-pornográfico tendríamos cientos de visitas al día. Tal es la decadencia en que se encuentra nuestro nivel cultural. Me pregunto si esto es inherente al ser humano o es un plan impuesto con notable eficacia.